Avatar.
Muchísimo más de lo que me esperaba.
No me entretendré en explicar nada acerca de la película, solo que cuente conforme hable acerca de lo que me ha hecho sentir y pensar, pues dudo que quede mucha gente por verla, y quien no lo haya hecho ya se puede dar prisa.
Primero hablaré sobre el final, sí, un típico final en el que todo acaba bien. Un final que esta vez no me ha resultado repetitivo, por un lado, porque llevaba tiempo sin ver o leer algo que acabase completamente bien, y siendo como soy es algo que en las historias por las que me intereso acabo echando de menos. Por otro, porque Pandora no cayó en manos de la mayor bestia destructora que existe, me atrevería a decir, en el Universo: nosotros.
Y aún a sabiendas de cómo iba a acabar la película, a cada situación que acontecía en ella, me ponía más nervioso, pues en cada momento, veía un símil con un planeta que si existe y que está sufriendo lo que empezaba a sufrir Pandora. Con una diferencia. En La Tierra no hay nada que pueda vencer al ser humano, éste arrasa con todo lo que hay a su paso, sin dejar nada valioso, y con valioso me refiero a la VIDA. Pues es el bien más preciado que puede haber en cualquier sitio. Lo primero que he pensado al ver los paisajes de ese planeta idílico, al menos para mí ha sido que por suerte ese planeta no es real, y si lo es, no ha sido descubierto, pues seguro que en cuanto eso ocurriese...No quiero pensarlo.
Pero no tengo que irme a ningún otro planeta.
En el nuestro, La Tierra, hay paisajes tan bellos y llenos de vida como los de la película; selvas, montañas, desiertos, glaciares, llanuras y estepas, mares y océanos. Cada ecosistema con sus especies que tan característico y especial hacen a cada uno de ellos.
Y sin embargo, no tenemos mejor forma de agradecer lo que tenemos que acabando con todo... miento, no tenemos nada, nosotros pertenecemos a todo eso, somos parte de ello, somos nosotros los que pertenecemos a la Naturaleza.
Al menos pertenecíamos, pues no hacemos más de que destruir, acabar con lo que tan especial nos hace a nosotros y a nuestro hogar.
Y la poca gente que aún vive en una Pandora real, aquellos a los que la gente “avanzada” llama indígenas, son de las pocas personas aún capaces de respetar su ambiente y hogar, y vivir únicamente de lo que la Naturaleza les proporciona. Pero por desgracia ni a esas personas se les deja vivir tranquilas con lo poco que tienen y a la vez necesitan y quieren.
Me dan ganas de llorar y de gritar de rabia, por lo imbéciles e ignorantes que somos, por hacer desaparecer todo.
Nos queda poco tiempo para rectificar. No perdamos todo...
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