miércoles, 27 de octubre de 2010

Stairway to Heaven


Amor, loco consejero de mis decisiones
Pasión, sabio defensor de mis locuras.

Dos frases, que desde luego me definen a la perfección. De un hombre que sabe lo que es la felicidad cuando la tiene entre sus brazos, y es incapaz de ver el momento de abrirlos, porque solo es capaz de ver a quien tiene entre ellos, de besarla y de no dejar nunca de amarla.

He llegado a saber lo que significa no pensar y sólo sentir, lo que es dar el corazón en mano, entregarlo a quien más quieres, por darte cuenta de que algo que únicamente ha sido tuyo, ahora es de alguien más. Solo pensarlo, me alegra, porque sé que está en las mejores manos que podrían estar. Unas manos, que aún no he sentido frías, y espero no sentirlas nunca así. Han ayudado a calentar las mías, y por qué no, mucho más mi alma. Intento devolverle ese calor con creces. Espero conseguirlo.

Su mente, podría compararla con un laberinto. Porque desde arriba se ve algo fácil, desde dentro cuesta más encontrar la salida. Y a mí, los laberintos, me encantan. A veces te confunde, igual que te puedes equivocar de camino dentro del laberinto, otras veces es un pasillo recto y  claro hacia sus pensamientos. Pero sin embargo, no quiero salir de él. Significaría haber encontrado la salida, y no quiero. Lo único para lo que quiero esa salida es para conocer ese laberinto de mente hasta el último rincón. Por difícil que sea, por mucho que me cueste.

Su corazón, es otra historia. Querría dejarse llevar por él, hacerle caso siempre, pero no se siente capaz. Quizá sea miedo, es algo de lo que no estoy seguro. Pero la calidez, la ternura y el amor que despide… yo no lo cambiaría nunca por nada en el mundo, ni siquiera por mi vida, ahora estoy totalmente convencido que hay cosas más importantes que eso. Su corazón es una de esas cosas. Toda ella.

Piensa que creo que se arregla todo con una sonrisa, y no se equivoca. Le gusta tratarme como a un niño pequeño, que se sorprende por todo y que junto a ella lo ve todo maravilloso. A fin de cuentas, así es.

Una de las cosas que más me gusta hacer con ella, pasear. Cogidos de la mano, hablando por doquier de cualquier cosa que se nos pase por la cabeza, y demostrarle mi amor en cualquier momento. Pasar junto a un cristal y verla a mi lado. Contemplar con ella cualquier paisaje. Es maravilloso poder compartir todos esos momentos con ella y sentir que cuando vuelvas la mirada hacia ella no va a desaparecer, sino que va a estar ahí junto a ti, mirándote.

Siento que no soy nada sin ella, que si ella no está, me falta algo…mucho. Necesito imaginar que la abrazo por las noches, si no, no duermo. Que su olor estará arropándome toda la noche, y que su mirada al despertar estará esperándome.

La echo de menos con toda mi alma. Nadie sabe el calor que siento cuando la abrazo, y nadie lo sentirá jamás como yo lo siento.  La quiero sí, y mi alma es poca para albergar el amor que siento por ella. Me desborda el sentimiento, y me llena el cuerpo entero, fluye como mi sangre y me hace caminar. Me nutre y me hace vivir. A fin de cuentas, hace de mi un loco enamorado y un luchador apasionado.

Parece que he escalado al fin su torre. Pero como ya he dicho, ahora quiero llevarla al tejado conmigo.

0 comentarios:

Publicar un comentario