Y de nuevo me encuentro con ella. No tan directamente como la primera vez, pero esta vez llegando a afectarme.
En sueños, quizá pesadillas, la he llegado a personalizar como una mujer preciosa cuya voz es irresistible, y no puedes más que seguirla...ahora me acuerdo de La dama del alba.
“TELVA.- No es mucho adivinar. ¿Vio el humo por la chimenea?
PEREGRINA.- No. Pero vi a los niños detrás de los cristales. Las casas donde hay niños siempre son calientes. (Se echa atrás la capucha, descubriendo un rostro hermoso y pálido, con una sonrisa tranquila.)
ANDRÉS.- (En voz baja.)¡Qué hermosa es...!
DORINA.-¡Parece una reina de cuento!
PEREGRINA.-(Al ABUELO, que la observa intensamente.) ¿Por qué me mira tan fijo? ¿Le recuerdo algo?
ABUELO.- No sé...Pero juraría que no es la primera vez que nos vemos.”
“ABUELO.- Mírame a los ojos y atrévete a decir que no me conoces. ¿Recuerdas el día que explotó el grisú en la mina? También yo estaba allí, con el derrumbe sobre el pecho y el humo agrio en la garganta. Creíste que había llegado mi hora y te acercaste demasiado. ¡Cuando, al fin, entró el aire limpio, ya había visto tu cara pálida y había sentido tus manos de hielo!
PEREGRINA.- (Serenamente.) Lo esperaba. Los que me han visto una vez no me olvidan nunca...”
“ABUELO.- ¡Calla! Tienes dulce la voz, y es peligroso escucharte.”
“ABUELO.- Yo no he leído libros. Sólo sé de ti lo que saben el perro y el caballo.
PEREGRINA.- (Con profunda emoción de queja.) Entonces, ¿por qué me condenas sin conocerme bien? ¿Por qué no haces un pequeño esfuerzo para comprenderme? (Soñadora.) También yo quisiera adornarme de rosas como las campesinas, vivir entre niños felices y tener un hombre hermoso a quien amar. Pero cuando voy a cortar las rosas todo el jardín se me hiela. Cuando los niños juegan conmigo tengo que volver la cabeza por miedo a que se me queden fríos al tocarlos. Y en cuanto a los hombres, ¿de qué me sirve que los más hermosos me busquen a caballo, si al besarlos siento que sus brazos inútiles me resbalan sin fuerza en la cintura? (Desesperada) ¿Comprendes ahora lo amargo de mi destino? Presenciar todos los dolores sin poder llorar... Tener todos los sentimientos de una mujer sin poder usar ninguno... ¡Y estar condenada a la matar siempre, siempre, sin poder nunca morir!
ABUELO.- Pobre mujer.
PEREGRINA.- Gracias, abuelo. Te había pedido un poco de comprensión y me has llamado mujer, que es la palabra más hermosa en labios de hombre.”
Tengo a la muerte por un proceso tan natural como otro, y lo tengo aceptado, si a algo le ha llegado la hora, nada impedirá que desaparezca su vida. Porque todo lo que llega a vivir, no tiene más destino que la muerte, y no se puede impedir. Y pienso que lo mejor es no lamentarse por ello, y seguir adelante, ya que ese ciclo seguirá dando vueltas sobre sí mismo, sin fin.
Sin embargo, cuando es un ser cercano, esta idea se tambalea...
Porque notas que hay algo que ya no cuadra, que algo falta, y que no será tan fácil llenar ese hueco de nuevo.
Siempre quedará el consuelo de pensar de que el sufrimiento por el que estaba pasando a llegado a su fin.
Y que para esos momentos en los que esté mal siempre podré dar un toque a alguien. Gracias por el apoyo.
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